NOTICIA
03-09-2014

¿Sabías que el turbo que equipa tu coche es un desarrollo pensado para la aviación?

El turbocompresor, coloquialmente conocido como turbo, es un sistema de sobrealimentación que se suele utilizar en motores de combustión interna alternativos, y especialmente en motores diésel. Dicho sistema permite que un motor con turbocompresor alcance una mayor potencia máxima con una cilindrada dada. Pero... ¿Sabes cuáles son los orígenes del turbocompresor?

En su constante desarrollo, la industria de la aviación fue superando metas, produciendo aviones más complejos y capaces de alcanzar cotas más altas. Pero a medida que los aviones fueron capaces de subir más alto en el firmamento los ingenieros se toparon con un problema técnico de altura: la pérdida de potencia de los motores a medida que bajaba la densidad del aire. Y es que según aumenta la altitud, la presencia de oxígeno se va reduciendo, complicando la capacidad de los motores de aquellos aviones para quemar el combustible.

Así, en los años 30, y para dar respuesta a este problema, se patenta un dispositivo  denominado “Corrector de altura“ que permitía aprovechar la salida de los gases de escape del motor de los aviones para introducir a presión el aire en la admisión. De este modo, e independientemente de la presión atmosférica, este desarrollo era capaz de adaptar su velocidad de giro hasta alcanzar la presión para la que estaba diseñado. Así, los cilindros del motor siempre disponian de aire a la misma presión y con una densidad de oxígeno constante.

De “Corrector de altura” a nuestro turbocompresor

El corrector de altura, que ahora conocemos como turbo, tardó varias décadas en llegar a los  motores de los automóviles de calle. El problema que planteaba la adopción de dicha tecnología radicaba en cómo controlar la presión y la potencia del coche. En un avión era más fácil porque el motor trabaja más tiempo a la máxima carga y las transiciones bruscas de potencia no suponen un problema demasiado grave. Sin embargo, en un automóvil podría resultar peligroso que todo el par llegara de golpe y de manera incontrolada.

Primeros coches con turbo

Aunque a los europeos nos encanta decir que el primer coche en equipar este invento fue el presentado en el Salón de Frankfurt de 1973 (que rendía 170 CV), lo cierto es que El primer automóvil producido en serie turboalimentado fue el Chevrolet Corvair, presentado en 1965 con un motor de 6 cilindros bóxer refrigerado por aire pasaba de 140 a 180 CV. En Europa, el primer vehículo con turbo fue el BMW 2002 Turbo. No obstante estos modelos no gozaron de mucho éxito: eran delicados e incómodos de conducir, con una respuesta al acelerador brusca y problemas de fiabilidad. Hubo que esperar al año 1978, al Saab 99 Turbo, el primer automóvil con turbocompresor que ganó una carrera del Mundial de Rallys, para encontrar un automóvil con dicha tecnología apreciado por los automovilistas.

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