NOTICIA
17-12-2012

¿Y si James Dean hubiera llevado las luces de su Porsche Spyder 550 encendidas el día de su trágico accidente?

¿Exceso de velocidad? ¿Conducción temeraria? ¿O simplemente circulaba sin luces en condiciones de escasa visibilidad? Algo más de medio siglo después del fallecimiento del mítico actor James Dean en accidente de tráfico, el 30 de septiembre de 1955, las razones de aquel fatal siniestro siguen sin estar de todo claras. Artículos de prensa, libros y documentales han glosado con abundancia la leyenda maldita del Porsche Spyder 500 que pilotaba el actor. Menos conocido es que la persona que lo acompañaba era mécanico de coches, que venían de hacer una revisión al vehículo y que días antes el protagonista de “Al este del Edén”, “Rebeldes sin causa” o “Gigantes” había rodado un anuncio televisivo pidiendo a los jóvenes toda la prudencia del mundo al volante. Tampoco que algunas fuentes señalan precisamente a una imprudencia, la de no haber puesto las luces, como factor determinante en la colisión frontolateral con otro vehículo que circulaba más deprisa de lo debido.

A estas alturas de la “película” quien más quien menos conoce la leyenda maldita del Porsche Spyder 550 en el que perdió la vida James Dean. El mismo día en que la grúa-camión trasladaba el amasijo de hierros en que quedó convertido el auto su conductor fallecía en el trayecto. El vehículo, sus restos -no hay que olvidar que Dean era todo un icóno mediático y cultural en el Estados Unidos de los años 50- fue adquirido por un coleccionista, George Barris. A partír de ahí, la sucesión de accidentes más o menos graves, pero con preponderancia de estos últimos, vinculados a quienes entraban en contacto con el vehículo que Harris despiezó y comercializó como auténticas reliquias, resulta escalofriante. Quizá el propio James Dean no fuera del todo consciente de la carga simbólica que al correr de los años tendía el nombre con el que cariñosamente había bautizado a su bólido: “Little Bastard”.

Más desconocida que la leyenda negra del Spyder de Dean es su preocupación por el mantenimiento preventivo de sus vehículos y su conciencia social en materia de seguridad vial. Días antes del fatal accidente, el actor protagonizó una campaña televisiva animando a los jóvenes conductores a ser prudentes al volante. Le gustaban las carreras de coches, sí, pero en los circuitos. Aquella campaña de concienciación coincidió con el fin del rodaje de “Gigantes”. Satisfecho con el resultado, el actor decidió darse unos días de descanso y diversión y decidió acudir a una afamada carrera de coches en las proximidades de San Francisco.

Antes de emprender viaje Dean resolvió hacer una puesta a punto a su Spyder 550 en los talleres Competition Motors de su amigo y mécánico, Rolf Wütherinch. Afinaron el motor e instalaron un cinturón de seguridad de competición. Y aunque tenía pensado llevar el coche hasta la carrera en el remolque de su ranchera, decidió hacerle unos kilómetros. A la altura de la localidad californiana de Cholame, en el cruce de las rutas 41 y 46 de la autopista de Salinas, un Ford Custom Tudor conducido a gran velocidad por un estudiante se le echó encima. Intentó esquivarlo, pero fue en vano. Dean perdía la vida a la edad de 24 años -Wütherinch resultó herido de gravedad- y sin haber podido asistir al estreno de sus dos últimas películas.

Algunas fuentes apuntan a que el vehículo de Dean circulaba sin las luces puestas. Y aunque parece que circulaba por su carril y a velocidad adecuada, quizá no tenía en cuentra el principio básico de la iluminación en materia de seguridad vial: “ver y ser visto”. Una regla de oro, de la que los reparadores de la red Eurotaller hacen mucha y buena pedagogía. Al volante, tan importante como ver es que te vean.

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